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miércoles, 9 de marzo de 2011

Violencia Simbólica

(Por Gorgona)


Bourdieu le otorga autonomía a la dimensión simbólica y le otorga un lugar fundamental en las relaciones sociales. Su énfasis en el rol de las formas simbólicas en la producción y reproducción de las desigualdades sociales es uno de los modos que emplea para distanciarse del marxismo tradicional, el cual substimaría la importancia de la dimensión simbólica de las relaciones de poder. En este sentido, la aproximación a la temática de la violencia que es desarrollada por dicho autor en su teoría de la práctica, dará nuevas luces y vendrá a complejizar la reflexión respecto al fenómeno de la dominación y la violencia, introduciendo la noción de violencia simbólica. Ésta es definida por él como « esa violencia que arranca sumisiones que ni siquiera se perciben como tales apoyándose en unas «expectativas colectivas», en unas creencias socialmente inculcadas» (Bourdieu, 1999: 173). Esta violencia simbólica transforma las relaciones de dominación y de sumisión en relaciones afectivas, el poder en carisma.

Imagen: http://malaimagen.blogspot.com

Referencias Bibliográficas: Pierre Bourdieu. 1999. Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción, Anagrama, Barcelona.

jueves, 16 de diciembre de 2010

“La organización social de la masculinidad” de Robert W. Connell

Por Gorgona

(Descarga el artículo aquí)

Connell nos presenta en su texto un concepto de masculinidad abordado desde un enfoque relacional. Para él la masculinidad no es un objeto coherente sobre el cual se pueda producir una ciencia generalizadora, pues no es un objeto aislado, sino que forma parte de una estructura mayor. Connell en este sentido observa que la masculinidad existe sólo en contraste con la feminidad, donde hombres y mujeres aparecen caracterizados por tipos de carácter polarizados. La masculinidad, afirma Connell, es un producto reciente y culturalmente específica, pues no todas las culturas tienen un concepto de masculinidad.

El autor hace una revisión de las diversas definiciones de la masculinidad. Por un lado, nos encontramos con definiciones esencialistas que recogen un rasgo que definiría la “verdadera hombría” y las definiciones positivistas que se plantean como “lo que los hombres realmente son”. Ambas definiciones son altamente arbitrarias. Por otro lado, encontramos las definiciones normativas, que establecen “lo que los hombres deberían ser”, estableciéndose de esta forma la masculinidad como una norma para la conducta de los hombres. Este tipo de definición produce paradojas, pues pocos hombres realmente se ajustan a dicha norma. Finalmente, otra definición es aquella que nos brinda el enfoque semiótico, el cual define mediante un sistema de diferencias simbólicas. Desde este enfoque, la masculinidad es definida como no-feminidad, definiéndola a través de una oposición semiótica. Esta definición escaparía de la arbitrariedad del esencialismo y de las paradojas de las definiciones positivistas y normativas, sin embargo, Connell considera que este enfoque es limitado. Para abarcar la amplia gana de tópicos se requiere de otra forma de expresar las relaciones. Así, para el autor la masculinidad surge en un sistema de relaciones de género. De esta manera para Connell la masculinidad es al mismo tiempo la posición en las relaciones de género, las prácticas por las cuales hombres y mujeres se comprometen con esa posición de género y los efectos de estas prácticas en la experiencia corporal, en la sexualidad y en la cultura (Connell, 1997:5).

Para Connell el género – o más bien proyectos de género- es un proceso de configuración de la práctica social a través del tiempo, el cual está organizado entorno a un escenario reproductivo. Con este concepto Connell busca hacer énfasis en que no se trata de una base biológica sino que de un proceso histórico que involucra al cuerpo y no a determinantes biológicas. Para el autor, el género es una estructura compleja donde se superponen diversas lógicas. Él propone un modelo de estructura de género donde actúan tres dimensiones: a) las relaciones de poder, b) las relaciones de producción y c) la cathexis (prácticas que dan forma y actualizan el deseo).

A partir de su enfoque relacional, Connell propone el concepto de masculinidad hegemónica, el cual hace referencia a la configuración de la práctica genérica que encarna la respuesta corrientemente aceptada al problema de la legitimidad del patriarcado y la que asegura la posición dominante de los hombres y la subordinación de las mujeres (Connell, 1997: 10). Además, Connell analiza cómo se configuran las relaciones entre las diversas masculinidades, y observa que se dan relaciones de subordinación, complicidad y marginación. Existe así una estructura de desigualdad que implica el despojo masivo de recursos sociales, por lo cual el género dominante es el que sostiene y usa los medios de violencia. A través de las definiciones patriarcales de feminidad se produce un desarme físico y cultural de las mujeres. De esta manera, la violencia toma dos formas: 1) para sostener la dominación (intimidación) y 2) política de género entre hombres (establece fronteras y exclusiones). Ahora bien, Connell afirma que si bien la violencia es parte de un sistema de dominación a la vez es una medida de su imperfección, pues la escala de violencia apunta a las tendencias de crisis del orden de género.

Connell trata en su texto una gran variedad de temas respecto a la masculinidad, analizada desde un enfoque relacional, lo que hace que el texto en una muy corta extensión esté lleno de conceptos más o menos novedosos. Si bien podría pecarse de superficialidad, al tratar tantos temas en un artículo breve, Connell logra presentar de manera coherente y clara sus ideas.

Uno de los principales aportes de Connell es ampliar la definición de la masculinidad, al ubicarla al interior de un sistema de relaciones de género, y a la vez al considerar la triple dimensionalidad de las estructuras de género (relaciones de poder, relaciones de producción y cathexis) rompe con la idea de que el género es algo aparte del resto de los aspectos de la vida social. Con la idea de cathexis introduce en la teoría social el deseo sexual y la energía emocional, como también socialmente construida y sometida a prácticas de orden genérico. De esta manera, “Para entender el género, entonces, debemos ir constantemente más allá del propio género” (Connell, 1997:9). Así, el concepto de género se transforma en parte del entramado social y no es comprensible de manera aislada, de la misma manera en que el resto de los aspectos de la vida social tampoco pueden ser comprendidos sin considerar las relaciones

Otro aspecto que me parece fundamental de la perspectiva adoptada por Connell, es la que nos introduce el concepto de masculinidad hegemónica, pues abre la puerta al reconocimiento de múltiples masculinidades, y porque introduce en la reflexión no sólo las relaciones hombre-mujer, sino que también las relaciones de género que se dan entre hombres, entre diversas masculinidades. Las mujeres dejan de ser las únicas dominadas, mostrando que hay ciertas relaciones de dominación, subordinación y marginación entre grupos de hombres. Ahora bien, pese a la existencia de subordinación y marginación entre hombres, un sistema de género donde los hombres dominan a las mujeres transforma a los hombres en un grupo interesado en la conservación, pues ellos obtienen un dividendo del patriarcado en términos de honor, prestigio y derecho a mandar, y un dividendo material. y a las mujeres en las interesadas en el cambio de dicho sistema

Pero esta estructura de relaciones es dinámica, son producto y productoras de historia, por lo que pueden cambiar. Las personas pueden realizar opciones políticas para un nuevo mundo de relaciones de género, lo que a la vez es buscar justicia social en todos los otros ámbitos de la vida social.

jueves, 21 de octubre de 2010

"Sobre la categoría género. Una introducción teórico-metodológica", de Teresita de Barbieri


Por Gorgona

Teresita de Barbieri es una de las investigadoras más prestigiadas en temas de género que ha contribuido al trabajo que el feminismo emprende a favor de los derechos de las mujeres. Profesora e investigadora con una larga carrera en la UNAM. En su texto, Teresita de Barbieri nos lleva a través de un rápido recorrido por el movimiento feminista resurgido en la década de los 60. De manera que nos introduce en los debates, revisiones teóricas y teorías que se dieron en el ámbito académico de este movimiento. El nuevo feminismo, que surge en los países desarrollados en esta época, buscaba comprender y explicar la condición de subordinación de las mujeres.

Ante esta interrogante, el feminismo se encontró con la existencia de un vacío teórico e histórico. No había información que diera cuenta de la subordinación de la mujer al hombre. Como una primera hipótesis, las feministas postularon que la subordinación de la mujer era una cuestión de poder. Y ante esto, la primera actitud fue parricida y se llamó a construir una nueva teoría, revolucionaria y capaz de cambiar el orden existente en la sociedad hasta el momento. Un primer avance hacia esto, fue replantear la relación naturaleza y cultura, llegando a concluir que la variación de los comportamientos sociales no está determinada por la biología, sino que éstos corresponden a construcciones sociales.

Entre las primeras propuestas teóricas y conceptuales en autoras como Kate Millet se retoma el concepto de patriarcado de Max Weber, considerando la subordinación femenina como producto del orden patriarcal imperante en la sociedad. Este concepto se pone de moda, pero pronto será criticado pues se presentaba como un concepto vacío, el cual no resistió a los críticos del feminismo ni permitió dar cuenta realmente de los conflictos inmediatos a resolver en la práctica.

De manera paralela a esto surge una postura más empiricista en el ámbito académico: los Estudios de la Mujer, que luego pasarían a llamarse Estudios de las mujeres. La idea era, ante las carencias de información y reflexión, generar conocimientos sobre las condiciones de vida de las mujeres; rescatar los aportes de las mujeres a la sociedad y la cultura, sacarlas de la invisibilidad a la que se las había relegado en la historia, la creación y la vida cotidiana. Esta corriente no rompió con las construcciones teóricas y metodológicas de sus disciplinas, pero estos fueron sometidos a una constante crítica y revisión. Desde ese momento, se dieron dos posturas: una que centró el objeto de estudio en las mujeres. Y otro que se enfocaría en la sociedad como generadora de subordinación. Esta segunda postura, sostuvo que a) la subordinación de las mujeres es fruto de determinadas formas de organización y funcionamiento de las sociedades, y b) que no se avanzaría estudiando sólo a las mujeres, por lo que se requiere un análisis más amplio, en todos los niveles, ámbitos y tiempos de las relaciones mujer-hombre, mujer-mujer y hombre-hombre.

A partir de la segunda postura, surgiría el concepto de género el cual hace referencia al sexo socialmente construido. Este concepto daría cuenta del conjunto de prácticas, símbolos, representaciones, normas y valores sociales que las sociedades construyen entorno a la diferencia sexual anatómicafisiológica y que otorgan sentido a los impulsos sexuales, la reproducción y las relaciones entre personas. Este concepto amplió el objeto de estudio, dejando abierta la posibilidad de existencia de distintas formas de relación entre mujeres y hombres, de distintas formas de construcción de lo femenino y lo masculino. Este concepto abre la búsqueda de sentido de los comportamientos de mujeres y hombres como seres socialmente sexuados, los cuales están bajo una serie de determinaciones sociales que van definiendo lo femenino y lo masculino.

Ante esta expansión conceptual, el debate no pararía allí, dándose múltiples desarrollos posteriores y el surgimiento de nuevos conceptos, lecturas y relecturas.

Barbieri finaliza su texto haciendo una revisión de los avances y limitaciones de los desarrollos que se han dado en los estudios de género y queda más que claro que aún queda un largo camino por recorrer.

Este artículo de Teresita de Barbieri nos da una apretada vista panorámica de los desarrollos, a partir de los 60’s, del movimiento feminista y sus debates, y de cómo este entró con fuerza en el ámbito académico en lo que serían los Estudios de la Mujer y, posteriormente, los Estudios de Género. A pesar de lo breve y extremadamente comprimido de su revisión – lo que quizá hace que peque de superficial-, permite tener una visión más o menos básica de cómo se fueron desarrollando dichos debates y revisiones teóricas, siguiendo una línea cronológica que aparece más o menos clara.

Ahora bien, es interesante destacar que consiste en una revisión crítica y no sólo nos resume los diversos desarrollos dados a partir de los 60’s, sino que la autora interviene críticamente, destacando vacíos, flaquezas y fortalezas en los diversos desarrollos empíricos, metodológicos, conceptuales y teóricos que vienen a intentar llenar el vacío que se las feministas diagnosticaron en las diversas disciplinas de las ciencias sociales. Para Barbieri, la fortaleza de la perspectiva de género es que ha posibilitado seguir diversas líneas de investigación y diversas opciones teórico-metodológicas, que han ampliado el espectro temático y de puntos de vista para acercarnos al fenómeno de lo masculino y lo femenino.

Para Barbieri desde los 60’s se formularon muchas preguntas, cada vez más claramente formuladas, pero que aún tienen respuestas imprecisas para las sociedades actuales. Barbieri destaca el desarrollo y el posicionamiento que han logrado tener los Estudios de Género. Sin duda ha habido un gran avance, pero queda mucho trabajo por hacer. Barbieri destaca, entre dichas áreas que en las que aún falta mucho desarrollo es el tema de lo masculino, hace falta generación de información desde lo masculino, desde los hombres, quienes aún han permanecido muy al margen del debate entorno al género y la sexualidad.

El texto de Barbieri, por tanto, nos habla del desarrollo del movimiento feminista y de los Estudios de Género, y a la vez nos permite posicionarnos respecto a los lineamientos en los que aún es necesario profundizar, afinar e, incluso, explorar a futuro.

Descarga el artículo

miércoles, 13 de octubre de 2010

Sexo y Temperamento de Margaret Mead

Por Gorgona

Sexo y Temperamento es una de las obras más conocidas de la antropóloga Margaret Mead. En dicho texto la autora presenta estudio comparativo entre tres culturas distintas: arapesh, mundugumor y tchambuli. Estudio con el cual busca dar cuenta de cómo estas “sociedades primitivas” han agrupado sus actitudes sociales hacia el temperamento en relación con las diferencias entre los sexos. ¿Consiste el temperamento que se le atribuye a cada sexo algo natural? ¿O acaso corresponden a elaboraciones sociales ajenas a los hechos biológicos de cada sexo?

Para responder a estas interrogantes la autora nos muestra las realidades de estas culturas que nos llevan a cuestionarnos respecto la naturalización occidental del Hombre fuerte y dominante y a Mujer débil y sumisa. En el caso de los arapesh, tanto hombres como mujeres presentan un temperamento que a ojos de un occidental tildaríamos de femenino. Son pacíficos, cooperativos y cariñosos con los hijos. De manera contrastante, en el caso de los mundugumor, tanto hombres como mujeres presentan un temperamento “masculino” pues llegan a ser crueles, agresivos, positivamente sexuados y con un mínimo de ternura hacia los hijos. En el caso de los tchambuli, por su parte, nos encontramos con lo inverso a nuestra cultura, en la medida en que las mujeres son dominates e impersonales y las que dirigen, y los hombres son menos responsables y se encuentran subordinados a la mujer. ¿Es posible que estos contrastes radiquen en elementos innatos y biológicos? ¿En dónde radican estas diferencias tan profundas entre una cultura y otra?

El material expuesto por Mead sugiere que muchos de los rasgos de la personalidad definidos para lo femenino y masculino se hallan débilmente asociados al sexo, de la misma forma que la vestimenta, el peinado, etc. Para Mead, los temperamentos propios a cada cultura y a cada sexo se dan según los distintos tipos de condicionamiento social, los cuales actúan moldeando las cualidades innatas de cada individuo, definiendo qué conductas son deseables y cuáles no. De esta forma, los individuos de cada cultura despliegan las personalidades de la cultura en la que nacieron y se educaron.

A la vez podemos apreciar en el material expuesto que no todas las culturas establecen una diferencia de temperamento entre hombres y mujeres, ni todas colocan a un sexo jerárquicamente por sobre el otro. Como podemos ver, en las primeras dos culturas – arapesh y mundugumor - , el temperamento no es algo asociado al sexo, sino que a estas sociedades en general. De manera que quienes no encajan en dicho temperamento no ven cuestionada su sexualidad, sino que sólo son vistos como inadaptados sólo en el aspecto conductual. En cambio, en el caso de los tchambuli, el hecho de que haya temperamentos femeninos y masculinos, al igual que en nuestra sociedad occidental, hace que sus inadaptados no sólo no se ajusten a las conductas esperadas, sino que son visto como invertidos, como hombres afeminados o mujeres amachadas. De manera que al inadaptado se le cuestiona su sexualidad por no sentirse identificado con el temperamento definido como el correspondiente a su sexo. Para Mead, esto implica una serie de dificultades para los individuos y para la sociedad en general. Pues por un lado los inadaptados tienen problemas para integrarse a la sociedad, y por otro, generan confusión entre los que sí encajan en el temperamento de su sexo.

Finalmente, tras haber demostrado que determinado temperamento no es algo intrínsicamente propio de un sexo, Mead trata de hallar una solución a las contradicciones a las que dan lugar las sociedades con distinciones de temperamento según sexo. Y ella señala que ésta parece hallarse en reconocer que bajo las clasificaciones superficiales de sexo y raza existen las mismas potencialidades.

Mead ha sido históricamente muy criticada desde la academia. Y claramente su obra tiene varios puntos cuestionables. Principalmente destacaría el hecho de que generaliza bastante para poder encontrar el temperamento propio de una cultura, de manera que se pierden las individualidades, pues quienes son distintos a ese temperamento, son ubicados por Mead en la esfera de los inadaptados, sin ningún rol mayor en la sociedad. De manera que la identificación de ese temperamento propio de x cultura me parece algo forzado. Por otro lado, y algo que me parece tan sólo un detalle, también es criticable el hecho de que aunque ella trata de no ser etnocéntrica, de igual manera habla de las sociedades distintas como “sociedades primitivas”.

Pero sin duda, a pesar de las objeciones que podamos hacer de la obra de Mead, me parece que hace un aporte importantísimo. El texto de Mead nos muestra claramente evidencia para poder afirmar que los temperamentos femeninos y masculinos no son más que construcciones sociales que están enmarcadas social e históricamente. Lo cual me parece un paso enorme, no sólo para las ciencias sociales, sino que para nuestra sociedad.

A pesar de que Mead dice expresamente de que su libro no apunta a la reivindicación de la mujer, da muchos argumentos para ello, pues hace grandes avances al establecer que lo femenino y lo masculino es en gran parte una construcción social entorno a las diferencias de sexo, y no algo intrínseco al ser mujer o ser hombre. Esto abre pie a la posibilidad de cambiar la posición de la mujer en la sociedad. Pero a su vez, les abre espacio en la sociedad a un amplio grupo de personas que se enfrentaban a la contradicción entre su temperamento y lo que se le exige a su sexo, y todas las consecuencias que para el bienestar psicosocial de dichos individuos implicaba en una sociedad como la nuestra. Abre espacio para la diversidad.



jueves, 30 de septiembre de 2010

Andai puro maraquiando!!


Por Gorgona

Después de mucho tiempo sin escribir, y después de un par de notas amargas sin mucho éxito en este espacio, quisiera continuar con este tema... El que Esbirro de Arlequín ilustró muy bien con la analogía de la llave y el cerrojo.

Pues bien, si he de identificarme con dicha analogía - aunque no creo en ella-, creo que soy un mal cerrojo. Después de varios meses de inapetencia absoluta, me he pasado al otro extremo, y aprovechando mi buena racha, lo he pasado muy bien. 1313 jaja Como diría el personaje de Pato Pimienta "andaai puro maraquiaaando!".

Igual es interesante el proceso autorreflexivo que esto ha generado en mí, permitiéndome romper con muchas trancas e inseguridades. Después tantos años de monogamia me sentía la wna más inexperta de la vida (pueden creerlo?), pero en este último mes he podido comprobar que parece que no es tan así y que de algo sirvieron todos esos años jaja Es interesante el reencuentro que he tenido con mi cuerpo y como me he permitido superar mi timidez. Ha sido un proceso interesante y entretenido.

Y bueno, sobre la analogía del cerrojo. De partida, este se basa en la idea machista de que la mujer debe ser conquistada, en la noción de una mujer pasiva, que recibe al macho y su falo. Si quisiéramos la analogía podría darse vuelta y pensar "la llave" más bien como un cotonito o un chupete o qué se yo. Algo que entrara en una cavidad y que no quisiéramos compartir usado. Pero no estoy de acuerdo con ninguna de ambas posturas. Creo firmemente en que son analogías para ser botada a la basura, en pos de una valoración más equitativa y recíproca de las relaciones amorosas y sexuales, donde ambos tengan una participación activa (o pasiva si la desean) en la conquista. Como dice la canción "Tú me das y yo te doy" jaja (8)

He dicho, mientras yo sigo con mis andanzas, y quizá uno de estos días les cuente una anécdota chistosa.

jueves, 22 de julio de 2010

La extensión horaria de los jardines infantiles y ser madre en Chile

Por Gorgona

Hace mucho que no escribo nada, la u se había comido mi vida. Ahora que me la devolvió, escribiré sobre un tema que ha estado en la prensa esta semana: la extensión horaria de los jardines de la Junji.

El debate surgido en torno a la extensión horaria de los jardines infantiles de la Junji, más allá de las declaraciones polémicas - y pelolais- de la vicepresidenta de dicha institución Ximena Ossandón, pone de relieve otro debate que me parece mucho más profundo, y es el rol de la mujer como madre, y las condiciones en que éste se desempeña; y cómo se está pensando la familia (que yo más bien denominaría en plural).

En Latinoamérica nos encontramos frente a una situación donde la familia nuclear tradicional no es precisamente lo normal (en términos estadísticos). La división sexual de los roles al interior de la familia no es precisamente la imagen clásica del hombre que trabaja fuera de casa y es proveedor de la familia, y la mujer permanece en casa cuidando y criando de sus hijos y de las labores hogareñas. Por el contrario, nos encontramos en una situación donde la mujer no sólo cumple el rol de "dueña de casa", sino que también de proveedora, ya sea porque es madre soltera o separada, o porque se ha integrado al mundo laboral por necesidad o por vocación (o por todas las anteriores), esté el hombre ausente o no. En ese sentido, la extensión horaria de los jardines infantiles aparece como una necesidad para que la mujer pueda integrarse al mundo laboral.

A diferencia de los dichos de la vicepresidenta de la Junji, no creo que las mujeres necesiten que sus hijos estén más tiempo en el jardín para "irse a tomar, ir a la playa o a tomar un café con una amiga" - idea que por lo demás me parece caricaturezca, moralista y machista-. Por el contrario, y considerando el público objetivo de los jardines de la Junji, lo más probable es que sean mujeres que necesitan trabajar más horas o postular a trabajos con jornadas más prolongadas, por el mantenimiento y bienestar de su familia, que como señalamos más arriba a veces recae exclusivamente en ellas. Me ha tocado entrevistar a mujeres que no pueden trabajar debido a los horarios de los trabajos y la imposibilidad de compatibilizarlos con los horarios en que debe estar con sus hijos, aún cuando ellas quieren y necesitan trabajar.

En ese sentido, la extensión horaria de los jardines sería un aporte para el desempeño y desarrollo laboral de las mujeres, pero no sólo para la mujer, sino que para la familia en su conjunto. Discrepo de la idea de que los jardines infantiles sean considerados un aporte a la mujer exclusivamente, pues se reproduce en el discurso la idea de que la mujer es la única responsable del cuidado y crianza de los hijos. Lo mismo ha sucedido con las PP.PP en torno a sexualidad y reproducción, que orientan la anticoncepción y la planificación familiar especialmente hacia a la mujer - haciendo una breve alusión a la vasectomía como participación masculina en el asunto-. Creo que no debe ser pensado así, siendo necesario incluir bajo esta responsabilidad también a los hombres, por mucho que en los hechos muchas veces estos hombres estén ausentes. No me parece correcto dirigir esos discursos hacia la madre exclusivamente, como tampoco me parece que deban manejarse las PP.PP con una noción de lo que es la familia y las prácticas asociadas a ella tan simplistas e ideales. No se trata tanto de madres que necesitan poner a sus hijos en jardines infantiles, como sí se trata de diversas formas de familia y cómo estás organizan su tiempo y mantenimiento, entre las cuales tampoco podemos descartar familias uniparentales masculinas u otro tipo de familia como las homoparentales - que se enfrentan a problemáticas que son consecuencia de la idea de la mujer como principal responsable de los hijos, como,por ejemplo, que sólo las empleadas mujeres pueden usar las guarderías y jardines de las empresas y no los hombres-.

En fin, creo que en todo este asunto, y que se aplica al caso particular de la Junji, falta mayor conocimiento de la realidad social de las familias en Chile por un lado, y por otro, le falta poner real ojo en quienes son su público objetivo, y no sólo pensarlo en relación a las mujeres, sino que pensarlo en relación a las diversas familias que requieren de los servicios de la Junji, y no sólo en las que acceden actualmente, sino que en todas aquellas que no acceden por la restricción horaria que implican hoy. Me parece que aún hay mucho que avanzar en cómo se piensan las familias y la división de los roles a su interior.

martes, 15 de junio de 2010

Sobre maracas, cabronas y concubinas.

Por Gorgona (desaparecida en acción)

La construcción hegemónica de la femineidad ha tendido siempre ha ligar a lo femenino a una polaridad que se podría representar a través de las figuras bíblicas de la Virgen y María Magdalena (la puta), siendo el ideal de femineidad ligado a la virginidad, pureza... en fin, a una especie de áurea de asexualidad; mientras que todo lo ligado a la sexualidad femenina, sino se reduce a la reproducción, cae en el lado oscuro de la fuerza bajo el apelativo de "puta", o más bien "maraca". Al menos ha sido así en términos tradicionales.

Es así como nos encontramos en el impactante contraste de que mientras un hombre es considerado bkn, cabrón, macho, exitoso, galán, etc, cuando logra liarse a varias parejas o tener relaciones casuales; una mujer con una conducta similar es tildada de "maraca"; cuando en el fondo pareciera no existir una diferencia sustancial entre ambos comportamientos. Hasta las mismas mujeres tildan a sus congéneres de maracas cuando las ven en dichas andanzas... por qué? Bueno, básicamente por dicha construcción de la femineidad que tenemos cuya raíz podría encontrarse en la tradición judeocristiana y, con mayor énfasis, en la satanización de lo femenino durante la edad media, donde la mujer ya no sólo era virgen y madre (?) o puta, sino que también bruja. Y al igual que una bruja y una adúltera, la mujer que vive su sexualidad de manera distinta es señalada con el dedo para tildarla de maraca, mientras en el caso del hombre simplemente no es tema, es normal.

Ahora bien, tras la introducción de la píldora anticonceptiva, se vivieron una serie de procesos que llevaron a una "liberación sexual" de la mujer, y la noción de la mujer pura y asexuada se fue diluyendo. Hoy no es raro que las mujeres tengan relaciones casuales, que se coman a alguien en un carrete, etc. Ahora la pregunta que me nace en este contexto, se trata esto realmente de una liberación sexual? Hace un tiempo leía un artículo sobre una investigación realizada sobre el "ponceo" en adolescentes pokemones (sí hay cientistas sociales que investigan sobre los pokemones) y la autora daba cuenta que a pesar de que las mujeres tuvieran la "libertad" de "comerse" a varias personas en una misma noche, en el fondo no se trataría de una liberación femenina ni sexual de las niñas, quienes en el fondo no estarían más conectadas a su derecho al placer y a vivir una sexualidad plena, sino que en el fondo estarían pendientes de responder a los deseos y expectativas de los hombres. Es decir, no buscan el placer recíproco que podría obtenerse en una relación simétrica, sino que complacer de manera bastante unidireccional, siendo esta actitud de "complacer" al otro lo que reafirmaría su "autoestima" y las harían sentirse "más mujer". Manteniéndose la relación asimétrica hombre-mujer.

De qué se trata entonces? Utilizaré dos categorías que ya han ido saliendo en las distintas notas de este blog: cabrona y concubina. Lamentablemente, como yo lo veo es que en realidad no se ha dado un paso hacia la liberación femenina, sino que se ha reafirmado la figura de la mujer como objeto sexual - y hago énfasis en la palabra objeto - y se ha mantenido la mujer como concubina, en el sentido de complacer al hombre (o la pareja) y que todas sus acciones están ligadas a dicho objetivo, constituyéndose una autoestima y una femineidad ligada a la valoración que la pareja haga de ti.

Lo que me parece bastante peculiar, es que a pesar de ser "bastante aceptado", aún se mantiene la idea de que las mujeres que se agarran a varios minos, son "maracas". Para dar un ejemplo, hace poco menos de un año, estaba con mi (ex)pololo y sus amigos carreteando en la u de él, y ellos empezaron a hablar de dos amigas de ellos - ojo, que eran amigas - y a ambas las tildaron de maracas. Recuerdo que yo me enojé con mi pololo de ese entonces, porque no entendía cómo podían tildar a sus propias amigas de maracas. Pero luego, a través de otras anécdotas sobre las chiquillas en cuestión, y poniéndolo en perspectiva, llegué a una conclusión que puede dar luces respecto a esto y a diferenciar entre una mujer empoderada de su sexualidad y una simple concubina.

En el caso que pongo como ejemplo, resultaba que esas chicas eran de las que "se le tiraban" a los hombres (literalmente), eran de las que posaban con sus amigos y desconocidos en poses sexonas, y utilizaban técnicas de seducción bastante burdas y explícitas - piensen en alguna de las minas de la farándula o de yingo - y que se curaban raja quedando poco menos a disposición de lo que cualquier tipo quisiera hacer con ellas (bastante patético, a todo esto). Eso, es a mi parecer, una maraca: una concubina; y no pasa tanto por el hecho de agarrarse pocos o hart@s min@s, sino que cómo se establecen esas relaciones casuales, cuál es la motivación y cuáles son los términos en que se establecen. En este caso, es de una clara asimetría.

Una cabrona, por otro lado, se agarre o no a varias personas, tenga relaciones casuales, etc; tiene una actitud distinta y se relaciona con sus posibles parejas casuales (o serias) en términos de igualdad y reciprocidad. Tú me das y yo te doy (lo que sea que andes buscando si es sólo sexo o amor). Y a diferencia de las "maracas" utiliza técnicas de seducción bastante sutiles, que no caen el "erotismo" burdo de chupar un chupete con care'caliente, como ofreciéndose "aquí estoy lista, ven a darme" - perdonen mi lenguaje, pero ya saben que yo no soy pa'na dama -. Sino que implica una seducción mucho más activa, y ciertamente, al menos desde mi parecer, con mucho más orgullo y autorespeto. Una mujer empoderada sexualmente es en el fondo una mujer que sabe que tiene derecho al placer y que se constituye como sujeto con una dimensión sexual, que se plantea en términos de igualdad con su compañer@, y que es activa en la seducción, conquista y en la misma relación sexual y amorosa. No es ni se presenta a sí misma como una vagina con patas.

Esa es mi humilde opinión




PS: Espero que no les moleste el cambio de look del blog :S

viernes, 28 de mayo de 2010

Soltera y sin compromisos

Por Gorgona

Dado que hoy cumplo 4 meses de soltería (después de más de 4 años de monogamia) quisiera escribir algo al respecto - léase como si lo escribiera una mechona de la soltería -, aunque no tengo muy claro qué, veamos qué sale. Después de 4 años de estar "estúpidamente enamorada", terminar y darse cuenta de que tu ex es un idiota, es triste y a la vez impactante. Supongo que todos los pololos son Gregorios Samsa en potencia. De la noche a la mañana pueden amanecer convertidos en cucarachas gigantes! Jaja Al menos mi primera impresión fue esa, no entendía nada de lo que había pasado. En un momento tienes planes, proyectos y blah, y de repente, todo se va a la mierda. Pero en verdad, nunca es una cosa del día a la mañana, es un proceso, que a veces una no es capaz de ver, otras veces sí, pero no quiere.

Lo que sí es de la noche a la mañana, de un momento a otro, es terminar: el decir "terminamos" - o como yo hice, mandar a la mierda al otro. Como diría un profe: ahí apreciamos la dimensión performativa del lenguaje, estableciendo una distinción entre dos momentos o estados: en este caso estar pololeando a estar soltero. El momento ritual que marca la distinción puede o no ser traumático, lo que depende de muchas cosas. Para mí fue bastante traumático, debo reconocerlo. Pues tras el acto lingüístico, se cortan un montón de hábitos y costumbres - de larga data en mi caso -, y pareciera que algo falta en tu realidad, como si le hubieran mutilado un pedacito. Por ejemplo, te das cuenta de que quieres ir al cine, pero todos están ocupados... chururu. Una puede tomar eso de dos maneras: deprimiéndose o llenándolo con todas esas cosas que antes no tenían espacio en tu realidad, porque era ocupado por una cucaracha en potencia. Así, de repente, tienes mucho tiempo libre, vuelves a reencontrarte con tus amigas y todo lo que ello implica. A partir del momento en que ves que ese espacio antes ocupado, puede ser utilizado por tantas cosas y momentos, se abren las puertas oficialmente a muchas nuevas experiencias... (teóricamente)

O, puede suceder - conozco a una Gorgona que le pasó - que de repente te des cuenta que te faltan una gran cantidad de habilidades sociales, como para probar todas las cosas que podrías probar... O puede ser que le des rienda suelta a sentimientos amorosos por otra persona muy bien guardados mientras estabas con tu versión de Gregorio Samsa... - y pucha, en verdad esa puede ser la peor opción o convertirse en algo interesante también -, pero ciertamente lo peor es quedarse con esa idea mula de "oh, estoy soltera, me quedaré sola para siempre" y deprimirte porque fulanito ya no te quiere (en caso de que hayan terminado x eso y no al revés). Hay que aprovechar, hay que jotear... de repente tu campus está lleno de hombres guapos que en tus cuatro años de carrera no habías visto!! :O Jajaj y sobre todo, hay mucho que aprender (en todos los ámbitos). Al menos para mí, es el momento de desarrollar habilidades y (re)construir autoestimas y autoconceptos, y, por supuesto, pasarla muy bien.

En estas andanzas de soltera, sale el tema favorito de Esbirro del Arlequín: los sex buddies. Me parece genial, que las mujeres hayan abierto sus puertas (y sus piernas) a un personaje como éste, que antes era casi exclusivamente pensado desde los hombres. Me parece que las mujeres se han empoderado más de su cuerpo y de su propio derecho al placer, y creo que esto es una muestra de ello. Aunque, desde mi perspectiva de inexperta, creo que son toda una apuesta, o una especie de ruleta rusa, si no escoges bien a tu sex buddy, puedes terminar engancha' y no es la idea... (a menos que él o ella también se enganche de ti)... Y esto me lleva a una idea que me suena relativamente parecida a la distinción machista (pero no necesariamente análoga, creo) de "hay mujeres para casarse y mujeres para follar". El sex buddy introduce una distinción entre l@s follables y l@s amables. Hay tip@s con l@s que lo único que te interesaría tener es compartir un par de tragos, tener un revolcón (o unos varios), y quizá una amistad, pero hay otr@s con los que sabes que te arriesgas al intentar algo sin compromisos, pues puedes caer redondita y enamorarte del muy patán (jaj). Beware Girls! es@s hay que tenerlos cerca, pero no taaann cerca (por si te aburres de las andanzas de soltería sin compromisos y el free-love, y decides darle rienda suelta a la posibilidad de amar). Para que la cosa resulte, supongo que c/u debe tener clara las reglas del juego :P

Yo en verdad estoy dispuesta a cualquiera de las dos - amor o sex buddy -, jaj, y aunque no creo en existencia de "la media naranja", recojo esa frase que dice "mientras no encuentro mi media naranja, como mandarinas".

G.


jueves, 27 de mayo de 2010

martes, 25 de mayo de 2010

Se digna mujer!

Por: Gorgona

Viendo los temas que han salido en lo poco que va del blog, quisiera hablar sobre un tema que reúne quiebres, venganzas, consejos, ser cabrona o no, etc, y que tiene que ver con el respeto a una misma: la dignidad. "Se digna". Al final, ser cabrona implica una búsqueda y protección de la dignidad, es la mina que se pone primero a ella, segundo a ella, y tercera a ella. A ella y sus sueños, a ella y sus proyectos, a ella y su dignidad como persona. Que nadie te pase a llevar. RESPETO.

En verdad en el momento de las relaciones de pareja, a veces una ni se da cuenta de cómo una permite que le falten el respeto y a la vez se falta el respeto a una misma. A mí me pasó (jaja suena a terapia de grupo) y me sigue pasando de vez en cuando que me pillo haciendo cosas que alguna vez me prometí que nunca más haría, como por ejemplo: ser arrastrada. Y es que a veces una cuando se enamora - u por otras razones como miedo a estar sola (que no es mi caso, para nada) - se vuelve realmente estúpida y todos esos principios de "Nadie me pisoteará", "Yo y mi bienestar estamos en primer lugar"... quedan como medios olvidados, no es que una no los tenga, es que se olvida ponerlos en práctica, porque van contra nuestros deseos de mantener una relación - que puede estar siendo muy destructiva-.

Hoy empecé a escribir un diario de vida, y al hacer un recuento de lo que me ha pasado en el último tiempo y de mi última relación... me doy cuenta que permití que me pisotearan y me humillaran muchas veces, y en distintos contextos. De hecho, una vez, una amiga del colegio, que no veía hace mucho tiempo, y que me pilló en un estado emocional como el del título de nuestro blog y con la cual me desahogué a pesar de no tener confianza ya en ella, me dijo: "Me sorprende lo que me dices, nunca me hubiera esperado algo así de ti". Y yo no entendí. "La G. que yo conocí en el colegio, era una mina chora, que nunca se hubiera dejado humillar así y que nunca andaría llorando por un imbécil como este." Fue como que me pegara una cachetada de realidad y me sentí pésimo. Tenía TODA la razón, y dolió mucho, pero era necesario que alguien me dijera eso, y que no se sumara a los consejos vengativos, que solo alivian la rabia un rato, pero que en verdad... al final se transforman en una avalancha de impotencia, porque nada ni nadie te va a quitar la pena del duelo que implica terminar una relación importante y menos si terminó de manera horrible como la mía.

Y tener pena es una cosa, pero dejar que te pisoteen y seguir arrastrándote es otra muy distinta. Y yo me creía muy cabrona, muy empoderada... Quizá en algunos aspectos sí, pero en ese momento de mi vida, estaba - como leí, en un artículo de las mujeres de Fellini, que decía la actriz protagonista de 8 1/2 , que fue amante por 17 años de ese director - "realmente estúpidamente enamorada". Y no, ya basta, de verdad, hay que aprender a quererse más a una misma, y tratar de no enceguecerse: el amor puede ser muy lindo, pero no vale la pena si es que ha derivado a sostenerse sobre humillaciones. Si el wn - o wna - no te respeta, es porque ya no te quiere, o al menos, no se merece tu amor. Y una le hace un gran favor a una amiga al decirle que está actuando de manera patética, aunque se enoje con una, al final- si es inteligente- sabrá valorarlo. He dicho.

domingo, 23 de mayo de 2010

¿Condenada a la soltería por feminista?

Por: Gorgona.-


Me distraigo de mis labores nocturnas de domingo (pre-lunes) y aparte de saludar a mis compañeras ladys o no - yo tampoco me definiría como una dama precisamente-, y a l@s lectores hipotéticos, quisiera narrar una breve anécdota que me ocurrió en un almuerzo familiar el día de ayer. Estábamos presentes mi madre, mi hermano, una prima, un primo y su polola, y de alguna manera la conversación derivó a temas de femineidad y masculinidad.

Personalmente, me considero abiertamente feminista- no tiene nada de loli señorita Esbirro de Arlequín; es más creo que en general las mujeres no se consideran feministas pues tienen una noción errada del feminismo y las teorías de género (pero ya hablaré de eso otro día, vuelvo a la anécdota) - y normalmente me toca debatir mis posturas ante la vida con hombres a los que sinceramente les molesta que una no encaje con la construcción hegemónica de femineidad (aka. lo que podríamos llamar lady) y les choca una mina que rebata un poco sus ideas y cuestione su para' de "macho que se respeta".

En el almuerzo de ayer, no sabría bien decir si fue una de esas ocasiones, pero terminamos hablando de la femineidad y la masculinidad, ya ni si quiera recuerdo bien de qué hablábamos exactamente, pero de repente mi primo sale con una frase que no sabría si tomar como un halago o como un intento de insulto: "Es que tú, no eres una mujer típica, tradicional, tienes una visión mucho más liberal de la mujer, eres una mujer poco común" (Yaaa... hasta ahí vamos bien, tiene tinte de halago...) Y continúa... "Pero por lo general a los hombres les gustan las mujeres típicas. Así que te va a costar encontrar pololo, porque como tú eres una mujer poco común, también los hombres a los que le gustan las minas como tú son poco comunes también". Ja, ahí quedé medio descolocada - ni siquiera estábamos hablando de pololeos ni nada - Qué me está queriendo decir este tipo?? Que estoy condenada a la soltería por ser como soy y pensar como pienso? Me llamó la atención dicho comentario, pues en verdad soy nueva en esto de la soltería - después de un pololeo excesivamente largo - recién estoy incursionando en las no siempre bien ponderadas andanzas de mina soltera.

Claramente, ese era un insulto, medio maquillado, pero claramente un intento de "cuestionar" mi postura "liberal de la femineidad", y ¿herirme emocionalmente para hacerme dudar de mis convicciones?, cosa que nica logró, pues no creo que sea mi caso y tampoco creo que escaseen los hombres que rompen - aunque sea un poco - la masculinidad hegemónica y que no le temerían a una mina con los pantalones o la falda bien puesta. Qué opinan mis contertulias? Yo opino que mi primin estaba - perdonen la expresión poco lady - cagando fuera del tiesto, mostrando una vez más la estrechez de miras de un "macho que se respeta".